20 de marzo, Día Internacional de la Felicidad. Como dice la ONU, la felicidad es en teoría el principal objetivo del ser humano. Por desgracia no disponemos de una fórmula mágica que nos la facilite. La comida es uno de los mayores placeres. Solo el hecho de comer, compartir o festejar nos puede resultar un «estado feliz». pero, ¿y si además  incorporamos determinados alimentos en la dieta que nos acerquen a ella? La idea es ir más allá  del placer inmediato que nos proporciona. No conformarnos con esas pequeñas dosis de felicidad. Los nutrientes intervienen de forma clara en el correcto funcionamiento de nuestro cerebro. Queramos o no, lo que comemos influye en  nuestra felicidad.

¿Cómo lo hacemos?

Lo que comemos, debe influir en nuestro nivel de serotonina. La serotonina es un neurotransmisor relacionado con el estado de ánimo y el de sueño. Se sintetiza a partir de un aminoácido que es el triptófano y que procede básicamente de la dieta. Es interesante , pues, que nuestra dieta tenga alimentos que aporten triptófano como son los huevos, las legumbres, la carne o la leche. También alimentos que contengan magnesio, pues es un elemento indispensable para que el triptófano se convierta en serotonina. De ahí que los alimentos ricos en magnesio, como son los frutos secos o algunas frutas como el plátano, sean muy interesantes en ese aspecto. Lo mismo que los alimentos ricos en vitamina B6, porque también está implicada en todo este proceso: los cereales integrales, la levadura de cerveza o el germen de trigo.

¿Qué hay que evitar?

En el otro lado de la balanza, resulta muy importante para sentirnos bien que nuestra glucemia (azúcar en sangre) se mantenga en niveles óptimos. Esto es incompatible con dietas demasiado restrictivas y/o pobres en carbohidratos o con ayunos prolongados. De la misma manera que una dieta pobre en hierro también influye negativamente. Hay que prestar atención al alcohol, ya que impide la absorción de diversas vitaminas, entre ellas las del grupo B, importantísimas para nuestro bienestar.

Un buen ejemplo

La mejor dieta y los mejores productos para «ser felices» los tenemos muy cercanos. Una dieta mediterránea sería el ejemplo más claro. Utilizar productos saludables y de proximidad, es lo más lógico y lo más fácil. Si lo combinamos con un poco de ejercicio, beber suficiente agua diariamente y conversar y disfrutar de los amigos, la receta está completa.

Vamos a hacer que cada día tenga, al menos, una nutrición feliz 

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